Hace poco que te conozco,
pero se que tu comprenderías como nadie mis palabras, aunque no sé si llegarás a leerlas.
Es la emoción de volver a sentir cosas que hacía tiempo había olvidado.
Es como volver a un lugar del que te habías desprendido.
Allí donde anhelabas perderte.
Y volver a nacer.
Descubrir.
Eres alguien aquí, ¿sabes?
No quiero dejarte ir, quiero que te quedes aquí.
Tengo miedo.
Miedo de que mi ilusión vuelva a desvanecerse.
Miedo a sentirte.
Miedo al adiós.
Necesito dejar de tenerlo todo bajo control.
Soltar ligeramente el timón,
ir a contracorriente si es necesario,
y surfear.
Y sentir, necesito sentir.
"Quiero ser la canción que cantarías la noche que salga el sol.."
Las cosas cambian día
tras día. Amanece y anochece continuamente, pero mientras tanto mis pulsaciones
no van al mismo ritmo. Hay veces que las acelera el latido de tu corazón, pero
hay otras en la que es el mismo el que las hace parar, las congela en el instante
eterno de la realidad. Poner los pies en la tierra no siempre fue lo que me
gusto. Nos acusan a los soñadores de vivir en las nubes, quizás sea porque
ellos nunca han probado de despegar los pies del suelo, o quizás porque tengan
miedo a hacerlo. Nos tratan de ignorantes, pero lo que no entienden es que
nunca habrá un soñador iluso, ya que siempre habrá sueños en los que pensar.
Soy como el judío en
Alemania, el romano en Egipto, la aguja del pajar. Me siento como el indio en
el oeste, el raro del grupo, como vivir con una familia de acogida permanente.
Siento que no pego aquí, que no es ni mi lugar ni mi momento, tan solo vengo de
paso. Soy la primera hoja caída en invierno, la flor que no llega a nacer. El
susurro del viento, la espuma de las olas. Soy todo lo que queda después de la
explosión, el sentimiento ignorado, la sobrevaloración. Me siento como aquel
que nunca llega a su destino, que vive intentando. Del fuego que quedaba en mi
interior ya solo quedan cenizas, todo ha resbalado por las escaleras del
pensamiento, dejando sola el alma, desnuda, sensible e irascible.
Sigo diciendo que el
abrigo de la vida me queda grande, se me antoja extraño. Repito que esta no es
mi guerra ni mi conflicto, que puedo marcharme cuando quiera. Que el vaso ya no
está ni medio vacío ni medio lleno, simplemente no existe. Que la distancia
entre mis palabras y tu corazón ya es demasiada, cuando ha llegado ha ser tan
fina que no había perdida entre ellas ese lazo se ha roto, ha desaparecido y se
ha esfumado. Y las conversaciones ya no son las mismas, el amor ya no es el
mismo, y es que quizás yo tampoco sea la misma, quizás soy yo la que ha
cambiado y lo estoy desordenando todo. Quizás tendría que apartarme de esta
lucha inútil, de silenciar mi susurro, dejar pasar los días sin la menor
preocupación. Salir corriendo si es necesario, dejando de lado el honor, las
lágrimas ya no tienen sentido, llorar está de más aquí. Cuando te han cerrado
el pestillo, cuando se ha apagado la ilusión, cuando el río tan solo puede
desahogarse en la marea del océano, es ahí cuando ya no quedan fuerzas para
regresar.
Y es que, quizás, tan solo quizás, las fuerzas se me habían terminado
hacía mucho más tiempo y esto era solo el resto de sentimiento esparcido
después de la explosión.
Tenemos tantas cosas que contar, tantos momentos que explicar... Nos falta el orden, la prioridad, los deseos y las preferencias. No sabemos por qué hemos llegado hasta aquí pero nos morimos de ganas por gritar que no estamos de acuerdo, que quizás todo esto no es como nos esperábamos.
Y es que corremos a contracorriente toda nuestra vida, contra nuestros miedos, contra el dolor.
Somos "antitodo" y tomamos drogas para olvidar aquel amor que nos rompió el corazón.
Somos capaces de mantener relaciones a distancia pero inútiles en el directo. Somos hambre en los pobres y billetes en el bolsillo de un multimillonario. Somos lo único que tenemos, nada más, pero también nada menos que eso. Simplemente somos, y por el hecho de ser, podemos crear.
Inventamos sueños y dibujamos sonrisas para llegar al rincón vacío de nuestra alma y sentirnos solos rodeados de gente. Pensar lo pequeños que somos, querer desaparecer, aunque solo sea por un momento. Ver, pensar, crecer, sufrir y levantar son las pilares de nuestro camino, aunque a veces nos empeñemos en obviarlos.
Tenemos mil y un instrumentos a nuestro alcance para facilitarnos la vida, pero aún así somos incapaces de entender nuestro cuerpo. Nos esforzamos en vernos mal, la propia visión negativa sobre nosotros mismos, la autocrítica destructiva que nos ha llevado al cuarto oscuro tantas veces.
Hemos roto el espejo cuando en él hemos visto nuestra esencia, que nos ha escupido la verdad y ha huído la inocencia.
Ha vuelto nuestro pasado a huir de nosotros, que exigimos aferrarnos a él para protegernos del presente y lo único que conseguimos es no crear un futuro.
Nos equivocamos, volvemos a probar, volvemos a errar, pero ¿qué importa eso? Las cadenas que nos atan a la realidad no se escuchan si no nos movemos.
Unos presumen de locura teniendo los pies en el suelo, otros, creyendo en la rutina, vuelan más allá de las nubes de los sueños.
Pasado el tiempo nos preguntamos porqué fuimos tan felices algún día, porqué todo eso ha cambiado, sin pensar que lo único que cambia somos nosotros.
Afligirse a la realidad está fuera de nuestras posibilidades, nos negamos a afrontar las cosas como nos vienen dadas, afán por la complicación vital dicen, qué sabrán.
Somos exteriormente pasivos, no mostramos lo que sentimos por miedo a que se nos caiga la máscara de hombres de hierro que poseemos. Vivimos en una lucha constante con nosotros mismos, pero sobretodo nos gusta decir que esto nos pasa a todos para evitar el "yo" rotundo de nuestra consciencia.
Ayer tuve el placer de encontrar algo que llevaba toda la vida buscando.
Veréis, desde muy pequeña he ido persiguiendo una canción, canción de la cual no sabía ni el título ni el compositor, ni tenía ninguna referencia para encontrarla, solo sabía que se trataba de una canción de jazz.
Es la típica canción que cuando no la oyes no tienes recuerdo alguno de ella pero que cuando la escuchas sabes que es esa tu canción favorita, y yo lo sabía cuando la escuchaba. La última vez que la había escuchado fue cuando estábamos en el viaje de fin de curso de cuarto de la E.S.O en el metro de Londres y fue allí cuando me dije a mi misma que debía encontrarla.
Esta canción me trae muchos recuerdos, la mayoría son recuerdos de carretera, cuando de pequeña mi padre me llevaba a ver a mis abuelos y poníamos la radio. Hubo una temporada que sonaba mucho en las radios. yo debería tener unos ocho años y siempre le pedía a mi padre que subiera el volumen, no sé qué tiene esa canción pero para mí es muy especial.
La canción de la cual os hablo se llama Take Five y es una obra del cuarteto neoyorquino The Dave Brubeck Quartet. La canción fue compuesta por el compañero saxofonista del líder del grupo (Dave Brubeck), Paul Desmond.
Os preguntaréis que cómo la he encontrado... Es sencillo. Antes de ayer estuve con un amigo saxofonista, y supuse que el me podría ayudar, así que le comenté mi historia y ayer me envió un mensaje con el enlace para una canción en YouTube y me dijo, seguro que es esta, y efectivamente así fue.
Es increíble que supiera de que canción le estaba hablando. Me dijo que sabía que era esa por cómo le hablé de la canción... y es que debe de ser verdad que los músicos entre nosotros nos entendemos, porque aún me parece un hecho increíble que solo con decirle lo mismo que he escrito aquí el ya supiera la canción. Increíble.
Sé que quizás, de la poca gente que lea esto más de la mitad no entenderéis porqué es tan importante para mí encontrar esta canción. Pensad en algo de valor sentimental que hayáis perdido y cómo os sentiríais al encontrarlo, puede ser más o menos comparable.
Aquí os dejo el enlace para los que no sepáis de qué canción os estoy hablando.
Últimamente no duermo, algún pensamiento me habrá robado el sueño... y hoy en mi intento frustrado de hacer la siesta he estado observando la estantería de libros de mi hermana y entre ellos me he encontrado con este: "Memoria y esperanza, un mensaje para los jóvenes" de Mario Benedetti, y visto la carencia de sueño y la realidad que nos acoge a todos los jóvenes en esta crisis, no sólo económica, si no de valores, me he decidido a leerlo.
Este libro se trata de un conjunto de poemas del autor relacionando los pilares que tenemos los jóvenes de hoy en día y dándole la importancia que ello conlleva en la sociedad.
Mario Benedetti ha sido taquígrafo, cajero, vendedor, contable, funcionario público, traductor y periodista. Se exilió por la dictadura en 1973. En la actualidad es narrador, poeta, ensayista y dramaturgo, es autor de más de setenta libros traducidos a numerosos idiomas.
En este libro-documental aparecen poemas de sus libros: "La vida ese paréntesis", "Quemar las naves", "Yesterday y mañana", "El mundo que respiro" y "Existir todavía".
En el texto de La vida ese paréntesis hace una clara alusión a los jóvenes de nuestra sociedad. Hace una llamada al movimiento joven. Nos dice que el mundo esta hecho para los mayores, para los que tienen "experiencia" y defiende la idea de que quizás sea hora de pasar el mundo de los adultos a la realidad de los jóvenes, ya que su mundo no está bien y quizás (si nos dejan) nosotros podemos cambiarlo.
Esta ha sido el fragmento del libro que especialmente me ha gustado más. Yo defiendo totalmente esa idea, la idea de que los jóvenes podemos cambiar más cosas que los adultos y que la experiencia no te da la razón. ¿Si no nos dejan actuar nunca porque no tenemos experiencia, cuándo se supone que la vamos a adquirir?
Más tarde aparece un fragmento de Quemar las naves, aquí habla de la infancia, ese recuerdo borroso que guardamos en el desván de nuestra memoria y que encierra tantos miedos y tantas ilusiones. Habla de la inocencia perdida, de la importancia de ella y de dejarse sorprender.
Cuando aparece el fragmento de El mundo que respiro nos habla de todo lo contrario al fragmento anterior. Aquí habla de la cruda realidad de las personas adultas, que tienen siempre la voz de la conciencia en su cabeza y que nunca la escuchan, la obvian. Nos habla de la pérdida de la incredibilidad, de la supuesta madurez de los adultos y de su facilidad para auto declararse no culpables de algo.
En el fragmento de Yesterday y mañana habla de aquellos jóvenes que un día serán adultos y de los adultos que un día fueron jóvenes y ya no reparan en ello. Son los adultos los que piden un presente como el de cuando ellos eran jóvenes y son ellos mismos los que no dejan participar a los jóvenes en ninguna actividad con transcendencia a nivel social y nos excluyen justificándonos como almas de fiesta e inmadurez.
Finalmente nos habla del final de la juventud en Existir todavía. El autor, nos cuenta, que este poema surgió a raíz de adherir nuevos versos a un poema de Miguel Hernández. En este poema nos habla de esa juventud que se va perdiendo, la pérdida de los ideales debido a la corrupción y a la debilidad. Inconscientemente al leer estas últimas páginas no he podido evitar recordar la canción de Dani Martín titulada: Lo que nace se apaga, que habla de eso mismo, de como una persona joven se va haciendo mayor y vieja y acaba pasando de ser uno más a ser un estorbo, a ser la persona a la que por fuerza tienes que ver cada semana, sin poder evitarlo.
En resumen, este es un libro dedicado a los jóvenes dispuestos a escuchar las humildes palabras de un octogenario, si estáis dispuestos a escuchar, debatir y pensar este es vuestro libro.
Hasta la próxima!
"¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de rutina y ruina? Les queda respirar/abrir los ojos"La vida ese paréntesis, Mario Benedetti.
Después de una larga ausencia de lecturas vuelvo con una novela del escritor catalán Albert Espinosa.
Albert Espinosa es un artista polifacético, no solo nos sorprende en la novela, también es guionista (actualmente en la serie Polseres Vermelles), autor teatral y director de cine. Con tan sólo treinta y ocho años nos ha sorprendido con la novela de la que hoy estoy escribiendo, otra novela titulada: "Tot el que tu i jo haguessim pogut ser si no fossim tu i jo" y "El mundo amarillo", que actualmente está teniendo mucho éxito e importancia para la carrera literaria de Espinosa. Como ya he dicho, el polifacético Albert Espinosa también ha dado pasos de gigante en el cine español con películas como Cuarta Planta o Héroes. Actualmente se trata de un escritor con fama de guionista de series, ya que su serie Polseres Verlemmes que el año pasado ya había sido transmitida en la Tv3 fue comprada por la cadena Antena 3 y ha sido un éxito en ámbito nacional, y no sólo eso, la serie también ha cautivado al gran Steven Spielberg que ha comprado la serie del autor catalán para transmitirla en Estados Unidos como: The red band society.
A los treinta y ocho años ha conseguido algo que muy pocos podrán decir y que menos podía pensar el cuando era adolescente. El tema base de muchas de sus historias no es de casualidad. En muchas de sus obras los personajes sufren de enfermedades tales como cáncer y eso se debe a su experiencia personal, a lo vivido. Cuando tenía trece años le diagnosticaron un osteosarcoma por el que tuvieron que amputarle una pierna. Sufrió metástasis y también fue necesaria la extirpación de un pulmón (16 años) y parte del hígado (18 años). Todas estas desaventuras que le ha dado la vida han sido las que le han marcado para escribir sus historias y hacer de él una persona valiente y decidida que escribe con mucho orgullo y pasión.
La novela de la que os hablo es uno de los tipos de libros que necesitaba leer últimamente, me explico. Éste libro me ha encantado, no tan sólo por la trama que explica (que ya es de por sí estupenda) si no por cómo se lee esta historia. Ha sido una historia que me ha capturado de principio a fin y que he podido leer sin interrupciones, lo he devorado desde que lo he abierto y he sacado de el cada sentimiento inmerso en las palabras del autor.
La historia es una delicada relación amorosa mezclada con los antiguos fantasmas del pasado, esos que nos devuelven al origen, esos que nos hacen ser de verdad.
Es una historia muy intensa y que refleja valores muy humanos, como el amor, la amistad, los recuerdos, el anhelo, la sinceridad y la pasión, todo inmerso en la misma historia.
Solo puedo decir que este libro me ha encantado, que me lo volvería a leer y que es completamente recomendable!
Así que os animo a todos los que me leáis a descubrir esta fascinante historia de mano del fabuloso escritor Albert Espinosa y que comentéis y me contéis que os ha transmitido...!
Hasta pronto!!
"Aprendí a caer, antes que a levantarme" (Albert Espinosa)
Diuen
que quan un riu porta aigua es pot escoltar perfectament com parlen els seus
habitants, com es comuniquen, com fan vida, com es relacionen i com creixen.
Diuen que si un riu porta aigua, aquesta aigua li dona la vida i el so, i que
es mor quan se seca, s’adorm, es calla.
El
Matarranya està força sec, ja no s’escolten els seus crits d’alegria ni els
plors de la nit. Està físicament sec, com si estigues mort, però tot i això, és
el riu que més secrets amaga, el riu més ric de tot el món. Enterra records i
guarda batalles, ara silenciós però no pas mort, més que viu. Ara se l’escolta
més que mai, rellueixen els records, els moments passats... I són, és clar, les
pedres. Qui sinó anava a guardar els records del pas del temps? L’aigua passa i
es perd, però les pedres continuen allí des del principi...
Tots
hem anat a buscar pedres del Matarranya, a fer “sopetes” al riu, i era en
aquest moment en el que ja estàvem confiant-li al Matarranya el nostre petit
record momentani en aquella minúscula e insignificant (per a nosaltres) pedreta
de riu.
Fèiem
xocar les pedres, per escoltar el so que això produïa, i aquest era el crit de
dos records que es negaven a trobar-se. Dues peses de diferents històries que
no tenen ninguna relació ni volen ser relacionades. O pot ser eren dos records
que en el passat van estar junts però que han hagut de ser deparats per alguna
causa i ara s’encapritxen en no tornar-se a parlar.
El
silenci del Matarranya són els crits del passat que ha marcat el present i amb
el qual formarem el futur. En la seva conca em après a caminar, aferrant-nos a
ell per a que no es perdés la seva essència, la seva olor a romer que inundava
els moments que passàvem allà. Els records del Matarranya són molt valuosos, ja
que han guanyat la partida a la vida de l’aigua i ara perduren en la mort de la
sequera.
Al
Matarranya, ric no sol en vegetació i fauna, sinó també en cultura, s’amague
una miqueta de cadascú, que en conjunt forma el riu d’aigua i pedres que ens
parlen dia a dia i que qualsevol pot escoltar, tant sols entenent la llengua de
les pedres.
Pots
pensar que mai no has escoltat el Matarranya, però en veritat és un so que viu
dintre teu des que vas nàixer i que trobes a faltar quan te’n vas. És aquesta
petita melodia la que solament aquells que hem crescut al Matarranya sabem
entendre i podem escoltar, per això quan
et trobes perdut pel terme del Matarranya és ell el que et porta fins al camí,
és ell el que et retroba amb tu mateix.